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    Grandes perdedores: La Holanda de los 70

    Nuestro Teniente Data, Juan Camilo Latorre, continúa con sus responsabilidades de historiador oficial de La Catedral trayéndonos una historia más de esos equipos que casi casi ganan, pero no: La Holanda de los años 70 que perdió dos finales de Mundial seguidas. Adelante:

    La gran selección húngara de los años 50, a la que mencionamos en la entrega anterior, introdujo los cimientos de un concepto que se vendría a conocer como “fútbol total”, que consistía en que cualquier jugador de campo podía asumir las funciones de cualquier otro de sus compañeros si se requería. Si un marcador de punta se perfilaba al ataque, un volante o incluso un delantero podía cubrir su lugar.

    Uno de los que se dedicó a observar el estilo de juego húngaro fue Jack Reynolds, quien entrenó al Ajax de Ámsterdam en numerosas ocasiones. Reynolds estudió el sistema y le fue puliendo varios detalles en materia táctica para adaptarlo a las exigencias del fútbol holandés.

    Uno de los discípulos de Reynolds fue Rinus Michels, quien eventualmente llegaría a ser también técnico del Ajax en 1965, justo cuando el equipo se encontraba luchando contra el descenso.

    Aplicando los conceptos de Reynolds, junto con contribuciones propias que refinaron el estilo de juego, Michels no solamente evitó que el equipo fuera relegado a la segunda división sino que al año siguiente, 1966, ganó la liga holandesa, con la destacada actuación de un joven atacante de 19 años que marcó 25 goles en 23 juegos. El nombre de este jugador era Johan Cruyff.

    Cruyff se convertiría en el eje de ese Ajax que dominaría el fútbol holandés durante finales de los 60 y comienzos de los 70. En el esquema del fútbol total, se requería que hubiese un jugador que tuviera la capacidad de moverse por toda la cancha, orquestando el juego, dirigiendo a sus compañeros y apoyándolos en las diferentes funciones que hay en el campo. Cruyff tenía esa capacidad y una excelente visión de juego.

    A él se le uniría toda una generación de buenos jugadores que formarían la base que necesitaba Michels para crear un equipo campeón: Johan Neeskens, Sjaak Swart, Ruud Krol y Johnny Rep, entre otros.

    La apoteosis del Ajax vendría con la obtención de tres Copas de Europa consecutivas, de 1971 a 1973. Era un equipo imparable, a pesar de que, desde 1972, Michels ya se había marchado rumbo a Barcelona, a donde se llevaría Cruyff en el ’73. Allí ambos ganarían la Liga del ‘74 y Cruyff deslumbraría a la afición culé con cosas como “el gol imposible”.

    Cuando la selección holandesa se clasificó a la Copa del Mundo de 1974, la KNVB (es decir, la versión holandesa de la Fedefútbol, sin ánimo de ofender), Rinus Michels fue nombrado director técnico.

    Nuevamente el hombre se enfrentaba a un reto de grueso calibre. Holanda sólo había jugado en dos Mundiales antes en toda su historia, en 1934 y en 1938, ambas actuaciones deslucidas. El equipo naranja no era nadie en la escena global, y evidentemente no se contaba entre los favoritos de la gente, existiendo aún el aura mágica del Brasil campeón de 1970. La misión en esta oportunidad era hacer, al menos, una actitud decorosa.

    Michels asumió su trabajo muy diligentemente y se apoyó en sus viejos pupilos de los tiempos del Ajax. Cruyff, Neeskens, Krol y Rep se convirtieron en titulares indiscutibles de la Oranje de cara a la cita mundialista en la República Federal Alemana (sí, la del oeste, donde nacieron Heidi Klum y Michael Schumacher).

    Holanda quedó ubicado en el Grupo 3, con Suecia, Bulgaria y Uruguay. Este último parecía ser el coco para los holandeses, puesto que en el mundial anterior había llegado hasta semifinales y sólo había sido vencido por el todopoderoso Brasil de Pelé y Tostao.

    Justamente contra la garra charrúa habían de debutar los de naranja. Contra los pronósticos de todo el mundo, dos goles de Rep le dieron el triunfo a los pupilos de don Rinus.

    A esto siguió un “resultado gafas” (como le dice el siempre bien ponderado Manolo Lama al 0-0) ante los suecos, que invitaba a guardar un poco de mesura.

    Contra Bulgaria, sin embargo, detonó todo el poder de la Oranje. Neeskens abrió de penal a los cinco minutos, a los que seguirían goles de Rep, de Jong (no, no el famoso karateka, sino algún pariente lejano) y nuevamente Neeskens con otro penal para sentenciar un 4-1 que los clasificó primeros del grupo.

    Los comentaristas deportivos, fascinados con el juego de Holanda, empezaron a llamar al equipo “La Naranja Mecánica”, en alusión al libro de Anthony Burgess llevado al cine por Stanley Kubrick en 1971.

    El grupo de la segunda ronda se perfilaba mucho más complicado. Estaba Brasil, el defensor del título, junto con Argentina y la República Democrática Alemana (sí, la del este, donde nacieron la Merkel y Rammstein).

    A los australes Holanda los despachó con un sonoro 4-0 y luego cayeron los teutones 2-0. Sólo quedaba en el camino a la final Brasil. Si bien de la titular que había conquistado el título del 70 sólo quedaban Rivelino y Jairzinho, todavía era un equipo que infundía respeto.

    Sin embargo, el fútbol total salió a relucir y de la mano de Neeskens y Cruyff los naranja se impusieron 2-0 y obtuvieron el derecho a disputar el título. Frente a ellos estaba el local, la República Federal Alemana, los mismos que le habían amargado el rato a Hungría en el 54. Cuando sólo había transcurrido un minuto de juego en esa tarde de julio en Munich, Uli Hoeness derribó a Johan Cruyff en al área. Penal.

    Cobró Neeskens y adentro. La Naranja Mecánica iniciaba la final con pie derecho. Pero como suelen decir por ahí, lo que por agua viene, por agua se va. Una falta contra Hölzelbein se tradujo en penal para Alemania, que convirtió Paul Breitner. Y justo antes de terminar el primer tiempo, Gerd Müller marcó el 2-1 que de momento sepultaba la ilusión naranja. Cruyff, mientras tanto, se ganaba una amarilla por discutir con el árbitro.

    En el segundo tiempo hubo ocasiones para ambos equipos, pero el arco se le cerró a Cruyff y a Rep. El que estuvo más cerca de volver a anotar fue Müller pero le invalidaron un gol por fuera de lugar.

    Finalmente, el juez señaló el centro del campo y una vez más los teutones destruyeron la ilusión de una hinchada y derribaron a un gigante. A los Magiares Mágicos se sumó la Naranja Mecánica en la lista de víctimas de una férrea y disciplinada selección alemana.

    Beckenbauer, Breitner y Müller celebraron lo que le fue negado a Cruyff, Neeskens y Krol.

    Luego de la debacle de Múnich, Rinus Michels presentó su dimisión como entrenador de la Oranje. Los holandeses, sin embargo, no quedaron noqueados por el golpe recibido y empezaron a recomponerse, esta vez bajo las órdenes de George Knobel, y lograron clasificarse a la fase final de la Eurocopa de 1976 en Yugoslavia, algo que en ese entonces sólo lo lograban cuatro equipos.

    En Zagreb jugaron la semifinal contra Checoslovaquia, con la mala fortuna de perder 1-3. Tras esto, Knobel renunció y en su lugar llegó el austríaco Ernst Happel, otro abanderado del fútbol total, y empezaron los preparativos para el mundial de 1978 en Argentina.

    La política, lamentablemente, empezó a inmiscuirse en los asuntos naranja como en su momento sucedió con los húngaros. En 1976 un grupo de militares dio un golpe de Estado en Argentina y montó un régimen caracterizado por las desapariciones, las torturas y otros excesos.

    Ante las violaciones de derechos humanos realizadas por la dictadura argentina, varios jugadores holandeses se excusaron de ir al Mundial, siendo la baja más notable la de Johan Cruyff. Sin embargo, el resto de la base del equipo continuó en la selección y viajó a tierras gauchas.

    Esta vez el equipo no brilló tanto y quedó segundo en la ronda de grupos, cediendo el liderato del grupo al Perú de Cueto y Cubillas. De todas maneras, esto les bastó para pasar a la segunda ronda donde se enfrentaron a Italia, Austria y su némesis del ’74, Alemania Occidental.

    Tras golear a los austríacos, empataron con los alemanes (se les abona que por lo menos esta vez no perdieron) y un gol de Haas frente a Italia a 15 minutos del final logró, de manera agónica, darles el primer lugar del grupo y, gracias a ello, llegaron por segunda vez consecutiva a la final de la Copa del Mundo, aunque esta vez de manera un poco más deslucida y sin parecerse tanto a la Naranja Mecánica de cuatro años atrás.

    El rival, nuevamente, era el local. En este caso, Argentina. La junta militar presidida por Videla, como todos los gobiernos que internamente son un desastre y necesitan cortinas de humo para hipnotizar al pueblo, quería sacar a su selección campeona como fuera, y esta pasó a la final sólo tras un escandaloso 6-0 ante un Perú que no tenía por qué perder así, dando lugar a sospechas de que el partido había sido arreglado para negarle la final a Brasil por diferencia de goles.

    Así, pues, naranjas y albicelestes se dieron cita el 25 de junio de 1978 en el Monumental de Buenos Aires. Los argentinos durante todo el partido apelaron a demorar el juego para enfriar a sus rivales y la gente de Holanda se quejó de esto sin recibir respuesta.

    A los 37 minutos anotó el “matador” Kempes y nuevamente la ilusión se alejaba del banco holandés. Pero a 8 minutos del final Nanninga marcó el empate y se forzó el tiempo extra. Los argentinos siguieron apelando a la demora y a la maña y eventualmente cayó el segundo de Kempes, seguido poco después del tercero por obra de Bertoni.

    Holanda fue derrotada, así, por segunda vez consecutiva en una final mundialista y de nuevo la tristeza invadía el Red Light District. Terminó así la historia de una épica selección surgida del poderoso Ajax de hace 40 años, a la que el mundo siempre aplaudió y se rindió ante su maravilloso estilo de juego, donde todos estaban en capacidad de atacar y de defender.

    Cruyff, a quien no pocos consideran el mejor de la historia, se retiró a comienzos de los 80 y luego, tras el ”motín del Hesperia”, se convertiría en el director técnico del gran Dream Team del Barcelona.

    Rinus Michels volvería a dirigir a Holanda y, con otra generación dorada, la de Van Basten, Gullit y Rijkaard, lograría el título en la Euro ’88.

    Pero habían quedado atrás los años de la Naranja Mecánica. Eran los años 80, y llegaría el turno de otra historia trágica, esta vez vestida de amarillo, y de la cual hablaremos en la próxima entrega de la serie.

    (Posdata: como pueden ver en este video sobre el motín del Hesperia, Cruyff hoy en día sirve también como material para programas de humor catalanes)

    — Domingo, Octubre 28, 2012 hace 1 año con 4 notas

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